lunes, 29 de junio de 2026

LA MEJORA MORAL A TRAVES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

Los humanos, exceptuando algunos presidentes actuales, siempre han intentado ser más morales a través de la historia de la humanidad,  y por varios medios como la educación, el derecho, el arte, la literatura, la religión, las normas sociales, la hormona oxitocina o los incentivos negativos como los castigos, las prisiones, las multas, etc.

¿Puede la inteligencia artificial (IA) hacernos más morales o ayudarnos a tomar decisiones más éticas? Esta pregunta abre un debate filosófico importante.

 

La moral y la ética

La diferencia fundamental entre moral y ética radica en que la moral es el conjunto de normas de conducta que un grupo social sigue, mientras que la ética es la reflexión filosófica o el análisis crítico sobre dichas normas. La moral varía según la cultura y el tiempo, así lo que es moralmente aceptable en un país o época puede no serlo en otro. La ética busca principios universales o generales que trascienden las costumbres específicas de un grupo.

Un ejemplo claro de esta distinción se ve cuando un individuo cuestiona una norma de su sociedad (moral) basándose en sus propios principios racionales (ética), como sucede con temas debatidos como la pena de muerte, el aborto, la eutanasia o el bienestar animal.

  

El dilema del tranvía

 Esto me hace recordar un seminario en ESADE que hice en los años 70, en el que me propusieron el “dilema del tranvía” con este argumento: 

 

“Un tranvía descontrolado va directo hacia cinco personas que están trabajando en la vía, tu estás junto a una palanca que puede desviar el tranvía a una vía secundaría donde hay una persona trabajando. ¿Qué haces? - me preguntaron - ¿Accionas la palanca y sacrificas a una persona para salvar a cinco, o no haces nada y permites que mueran las cinco?”

 

Lo que parece un ejercicio mental  cinematográfico, en realidad es un experimento filosófico que lleva años desafiando nuestra percepción de la ética. Este dilema  fue planteado por la filósofa Philippa Foot  en 1967 para explorar si las decisiones deben tomarse en función de las consecuencias (ética utilitarista) o de los principios (ética deontológica).

Opción A (Inacción): No haces nada: el tranvía mata a cinco personas.

Opción B (Acción): Accionas la palanca: el tranvía se desvía y mata a una persona, pero salva a las otras cinco.

La ética utilitarista: Sostiene que lo correcto es maximizar el bienestar general (salvar 5 vidas es mejor que salvar 1), por lo que se debe accionar la palanca.

La ética deontológica: Argumenta que existen deberes morales absolutos, como "no matarás", y que intervenir para causar la muerte de una persona inocente es intrínsecamente malo, independientemente del resultado.

¿Qué opción tomarías tú querido lector o querida lectora?

Hoy, este dilema ha dejado de ser solo una pregunta teórica. Con la llegada de la inteligencia artificial y los coches autónomos, la inteligencia artificial  se enfrenta a situaciones reales en las que debe tomar decisiones éticas. Y aquí viene la pregunta importante: ¿cómo enseñamos a la inteligencia artificial  a decidir qué es lo correcto? ¿Programamos para salvar el mayor número de vidas posible? ¿O priorizamos siempre a los ocupantes del vehículo?

Al final, la inteligencia artificial  no tienen ética propia; somos nosotros quienes la debemos definir.

 


 

La mejora de  la moral a través de la inteligencia artificial

 Actualmente existe un programa llamado  SÓCRATES para mejorar la moral de los usuarios. Ante todo quiero decir que yo lo hubiera puesto el nombre de PLATÓN, su discípulo, ya que Sócrates enseñó moral, pero no dejo nada escrito, lo que sabemos de él, es  por Platón que sí documentó su filosofía. Digo esto,  porque este programa de la inteligencia artificial, la mayor parte de sus algoritmos han sido elaborados a partir de  libros sobre la moral. No obstante, afortunadamente,  sabemos por Platón que la moral socrática  dice: “Solo hay, un bien, el conocimiento, y un mal, la ignorancia”, y añadió: “la virtud es conocimiento y que nadie obra mal voluntariamente, sino por ignorancia de lo que es bueno”. Esta última reflexión en los tiempos actuales ha quedado desfasada, porque a pesar de las consultas al programa Sócrates que han hecho los asesores de Putín, Netanyahu, y Trump,  han incurrido a toda serie de inmoralidades.

 Yo como ingeniero y mi paso formativo por IBM, vislumbro que la inteligencia artificial en un mundo complejo actual,  con problemas globales, como el cambio climático, la degradación medioambiental,  las desigualdades sociales, las pandemias, la automatización industrial, los logros sobre la longevidad, las aportaciones de información, etc. nos será de mucha utilidad. No obstante,  recurrir a la inteligencia artificial para mejorar nuestra moral podemos  deshumanizarnos, y yo abogo por todo lo contrario, en controlar con una regulación de los estados la ética de las decisiones de la omnipotente, omnisciente y omnipresente  inteligencia artificial.

 

Colofón final

  En el dilema del tranvía presentado anteriormente  nos cuestionan la diferencia entre causar un mal y dejar que ocurra. Si decidimos accionar la palanca como el 90% personas lo hizo según un estudio de Harvard, acudiríamos a la opción de causar un mal con el argumento de salvar cinco vidas a diferencia de solo una; mientras que si tomamos la decisión de no actuar, acudiríamos a la opción de dejar que un mal ocurra. Este problema es utilizado para evaluar la moral del individuo.

El peligro potencial más peligroso sobre la moral, sería la utilización de armas de destrucción masiva,  y de momento el único Estado  que las ha utilizado hasta la fecha, todos nosotros lo sabemos quien fue. Aquel acontecimiento ocurrió cuando yo tenía 8 años, aunque no fui conocedor en aquel momento del lanzamiento de las dos bombas atómicas,  que lanzaron los americanos en Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 agosto 1945) aplicando para ellos la ética utilitarista,  lo que si que recuerdo que  aquel verano   estábamos veraneando en Montsolís (localidad próxima a Barcelona entre Montgat y Masnou) y el 2  de septiembre  de 1945 (en aquel tiempo los colegios empezaban en octubre)  cuando llegaron  mi padre, y otros padres de mis amigos, gritaban con entusiasmo: “la guerra ha terminado” refiriéndose a la segunda guerra mundial.

El responsable  de la decisión del lanzamiento de las dos bombas atómicas fue el Presidente de los Estados Unidos Harry S. Truman que con su decisión  no solo fallecieron muchos Japoneses  sino también prisioneros aliados.



 

A los responsables del programa Sócrates les adjunto las imágenes de aquellas  devastadoras bombas atómicas, para que  se las muestre a sus usuarios bélicos en cumplimento del adagio: “Una imagen vale más que mil palabras”.

El pasado  25 de mayo Robert  Francis Prevost, Papa León XIV, presentó su encíclica “Magnifica humanitas” que coloca al ser humano en el centro de la revolución de la Inteligencia Artificial, en el acto estuvo presente además de los estamentos eclesiásticos, Christopher Olah cofundador de Anthropic, una empresa líder de la IA, y que se ha enfrentado con el Pentágono por negarse a suprimir los límites éticos en la IA de la industria de defensa.

 

Notas:

1ª Perdonad mi triste final. En recompensa os recuerdo el éxito de la inauguración de la torre de Jesucristo de 172,5 metros que hace merecedora que la basílica de la Sagrada Familia sea el templo religioso más alto del mundo.

2ª El pasado 11 de junio falleció uno de los pintores referentes para mí, además, casí nacimos al mimo día, él el 9 de julio y yo el 12 de 1937. Se trata del pintor británico David Hockney, que pude ver su obra en el Palau de la Virreina en el año 1993 según indica el catálogo que adquirí aquel día, y que me impresionó muchísimo. La casa de subastas Christie´s en New York subastó en el año 2018 su obra “Retrato de un artista (piscina con dos figuras)” por un precio record de 90,3 millones de dólares (79 millones de euros).

 


El tío de rojo es su ex amante el pintor Peter Schelesinger, la escena recrea  el nuevo amor de su ex   el nadador que va hacia él. Fue un homenaje de David a su amor perdido.

  Los  Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 y la piscina comunitaria de mi apartamento en Begur me inspiró que pintara el siguiente cuadro:



No hay comentarios:

Publicar un comentario