Los humanos, exceptuando algunos presidentes actuales, siempre han intentado ser más morales a través de la historia de la humanidad, y por varios medios como la educación, el derecho, el arte, la literatura, la religión, las normas sociales, la hormona oxitocina o los incentivos negativos como los castigos, las prisiones, las multas, etc.
¿Puede
la inteligencia artificial (IA) hacernos más morales o ayudarnos a tomar
decisiones más éticas? Esta pregunta abre un debate filosófico importante.
La moral y la ética
La diferencia fundamental entre moral
y ética radica en que la moral es el conjunto de normas de conducta que
un grupo social sigue, mientras que la ética es la reflexión filosófica o el
análisis crítico sobre dichas normas. La moral varía según la cultura y el
tiempo, así lo que es moralmente aceptable en un país o época puede no serlo en
otro. La ética busca principios universales o generales que trascienden las
costumbres específicas de un grupo.
Un ejemplo claro de esta distinción se ve cuando un individuo cuestiona una norma de su sociedad (moral) basándose en sus propios principios racionales (ética), como sucede con temas debatidos como la pena de muerte, el aborto, la eutanasia o el bienestar animal.
El dilema del tranvía
“Un tranvía descontrolado va directo
hacia cinco personas que están trabajando en la vía, tu estás junto a una
palanca que puede desviar el tranvía a una vía secundaría donde hay una persona
trabajando. ¿Qué haces? - me preguntaron - ¿Accionas la palanca y sacrificas a
una persona para salvar a cinco, o no haces nada y permites que mueran las
cinco?”
Lo que
parece un ejercicio mental cinematográfico, en realidad es un experimento
filosófico que lleva años desafiando nuestra percepción de la ética. Este
dilema fue planteado por la filósofa
Philippa Foot en 1967 para
explorar si las decisiones deben tomarse en función de las consecuencias (ética
utilitarista) o de los principios (ética deontológica).
Opción A (Inacción): No haces nada: el tranvía mata a cinco
personas.
Opción B (Acción): Accionas la palanca: el tranvía se
desvía y mata a una persona, pero salva a las otras cinco.
La ética utilitarista: Sostiene que lo
correcto es maximizar el bienestar general (salvar 5 vidas es mejor que salvar
1), por lo que se debe accionar la palanca.
La ética deontológica: Argumenta que existen deberes morales absolutos, como "no
matarás", y que intervenir para causar la muerte de una persona inocente
es intrínsecamente malo, independientemente del resultado.
¿Qué opción tomarías
tú querido lector o querida lectora?
Hoy, este dilema ha
dejado de ser solo una pregunta teórica. Con la llegada de la inteligencia
artificial y los coches autónomos, la inteligencia artificial se enfrenta a situaciones reales en las que
debe tomar decisiones éticas. Y aquí viene la pregunta importante: ¿cómo
enseñamos a la inteligencia artificial a
decidir qué es lo correcto? ¿Programamos para salvar el mayor
número de vidas posible? ¿O priorizamos siempre a los ocupantes del vehículo?
Al final, la
inteligencia artificial no tienen ética
propia; somos nosotros quienes la debemos definir.
La mejora de la moral a través de la inteligencia
artificial
Colofón final
El peligro potencial más peligroso sobre la moral, sería la utilización de
armas de destrucción masiva, y de
momento el único Estado que las ha utilizado
hasta la fecha, todos nosotros lo sabemos quien fue. Aquel acontecimiento
ocurrió cuando yo tenía 8 años, aunque no fui conocedor en aquel momento del
lanzamiento de las dos bombas atómicas,
que lanzaron los americanos en Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 agosto 1945)
aplicando para ellos la ética utilitarista,
lo que si que recuerdo que aquel
verano estábamos veraneando en
Montsolís (localidad próxima a Barcelona entre Montgat y Masnou) y el 2 de septiembre
de 1945 (en aquel tiempo los colegios empezaban en octubre) cuando llegaron mi padre, y otros padres de mis amigos,
gritaban con entusiasmo: “la guerra ha terminado” refiriéndose a la segunda
guerra mundial.
El responsable de la decisión del
lanzamiento de las dos bombas atómicas fue el Presidente de los Estados Unidos
Harry S. Truman que con su decisión no
solo fallecieron muchos Japoneses sino
también prisioneros aliados.
A
los responsables del programa Sócrates les adjunto las imágenes de
aquellas devastadoras bombas atómicas,
para que se las muestre a sus usuarios
bélicos en cumplimento del adagio: “Una imagen vale más que mil palabras”.
El
pasado 25 de mayo Robert Francis Prevost, Papa León XIV, presentó su
encíclica “Magnifica humanitas” que coloca al ser humano en el centro de la
revolución de la Inteligencia Artificial, en el acto estuvo presente además de
los estamentos eclesiásticos, Christopher Olah cofundador de Anthropic, una
empresa líder de la IA, y que se ha enfrentado con el Pentágono por negarse a
suprimir los límites éticos en la IA de la industria de defensa.
Notas:
1ª Perdonad mi triste final. En recompensa os recuerdo el éxito de la
inauguración de la torre de Jesucristo de 172,5 metros que hace merecedora que
la basílica de la Sagrada Familia sea el templo religioso más alto del mundo.
2ª El pasado 11 de junio falleció uno de los pintores referentes para
mí, además, casí nacimos al mimo día, él el 9 de julio y yo el 12 de 1937. Se
trata del pintor británico David Hockney, que pude ver su obra en el Palau de
la Virreina en el año 1993 según indica el catálogo que adquirí aquel día, y
que me impresionó muchísimo. La casa de subastas Christie´s en New York subastó
en el año 2018 su obra “Retrato de un artista (piscina con dos figuras)” por un
precio record de 90,3 millones de dólares (79 millones de euros).
El tío de rojo es su ex amante el pintor
Peter Schelesinger, la escena recrea el
nuevo amor de su ex el nadador que va
hacia él. Fue un homenaje de David a su amor perdido.
3ª Los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 y la
piscina comunitaria de mi apartamento en Begur me inspiró que pintara el
siguiente cuadro:




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