La invasión de 100.000 marroquís por la frontera de Ceuta (por tierra y por mar) en el pasado 30 de julio, sin que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) se apercibiera de esta aglomeración de gente y sus preparativos para pasar la frontera, me hace sospechar la falta de preparación de sus integrantes.
Las funciones del CNI son, según su propia página web,
proporcionar información, estudios y análisis al Gobierno y a su presidente que
permitan prevenir y evitar peligros, amenazas o agresiones contra la
independencia y la integridad de España
A
su actual directora Esperanza Casteleiro le aconsejaría que les obligara a su
personal a leer algunas de las novelas de los detectives de ficción que por
medio de sus autores les dotaron de intuición y perspicacia. Cito algunos
de ellos por orden cronológico sus
nombres y su paternidad.
C.
Auguste Dupin
Podríamos decir que fue el primer detective famoso por la mano del escritor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849) cuando resuelve los “Crímenes de la calle Morgue”. Su método se basaba en intentar meterse en la mente del asesino e intentar pensar como él.
En
la primera obra del género policial, Los
crímenes de la calle Morgue, el narrador de Dupin observa que el
detective parece desdoblarse en dos entidades distintas cuando está resolviendo
un caso: El Dupin Creativo (o Poético) es la parte imaginativa, capaz de identificarse con la mente del
criminal, adivinar el pensamiento ajeno y concebir hipótesis audaces mediante
la intuición. La otra entidad es el El Dupin
Resolutivo (o Analítico), es la parte fría,
lógica, que desmenuza los datos con un rigor científico y desapasionado,
aplicando lo que Poe denominó "raciocinio"
Sherlock
Holmes
Si antes he citado al
primer detective famoso, ahora según mi opinión cito al más famoso de todos los
detectives de ficción, me refiero al detective asesor de Scotland Yard,
Sherlock Holmes, famoso por utilizar métodos científicos, de observación y
deducción, que fue creado por el británico Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930).
Este monumento a su
persona está ubicado en Londres frente al número 221B de Baker Street, en el
mismo lugar de la vivienda de las novelas donde residía el detective con el
Doctor Watson, ahora convertido en un
museo que muestra exactamente como era la vivienda de los citados
protagonistas.
Padre
J. Brown
Miss
Marple y Hércules Poirot
Una característica del personaje es que siendo un sabueso de
finísimo olfato policiaco, es a la vez un hombre sobrio y profundamente
compasivo. Al punto de que en algunos casos, una vez ha dado con su presa, el
comisario decide hacer la vista gorda, por haber entendido de manera íntima las
causales del delito que se cometió, el tormento del alma del delincuente y lo
innecesario de la captura para el bien de la sociedad.
Es un incansable fumador de pipa, bebedor de cerveza y de Calvados,
datos estos que podemos considerar autobiográficos y característicos de su
creador.
Como descubrí la intuición y la perspicacia de manos de los mencionados
detectives
Tengo
una empanada mental si los descubrí a todos ellos por la lectura, por el teatro
o por el cine. Lo que tengo claro son tres de ellos el Padre Brown: que lo leí en mi
adolescencia porque mi abuelo Francisco tenía en su librería todas las obras de
Chesterton. En cambio el comisario Jules Maigret lo descubrí por mis padres que
me regalaron varias novelas de su creador Georges Simenon. En mi librería tengo
un ejemplar de “Los asesinatos de la calle Morgue” una edición del año 1964, el
año que me casé con 26 años y era subscriptor del Círculo de Lectores en aquel
entonces. La imagen de la portada le he
adjuntado anteriormente y el libro contiene dos relatos más: “El retrato
ovalado” y “El escarabajo de oro”.
Mi escritor olvidado
A
primeros mayo de año 2015 estuve
visitando varias ciudades de Bélgica con
un grupo de amigos. Cuando visité Lieja, en un folleto turístico leí que en
aquella localidad había nacido Georges
Simeno, y en aquel instante recordé los
momentos placenteros de mi juventud por la
lectura de sus libros, y por otra parte, mi imperdonable olvido de este autor hasta
aquella fecha. El folleto turístico, comentaba que nació concretamente en el barrio
denominado Outremeuse, que es donde
el rio Mosa se divide en dos, y luego se cierra en uno, de tal forma que este
barrio queda rodeado por él, como si fuera una isla.
Me
dirigí a su barrio para visitar un
memorial que le construyeron en su honor.
El
memorial está compuesto por una piedra encadenada al suelo a las asas de varias
maletas enterradas. A su alrededor otras
maletas de piedra sirven de bancos y,
cada una de ellas tiene esculpida una frase de la novela de Simenon "La
viuda Couderc", que además fue llevada al cine.
Sentado
precisamente en el banco que lleva su nombre, con mi móvil accedí vía Google a
su biografía que os recomiendo su lectura, aunque es muy turbia y triste.
Turbia porque fue acusado de colaboracionista con los nazis y de antisemita,
aunque fue perdonado por sus conciudadanos, por lo que no tengo más que añadir, y por
lo triste es, porque su hermano murió la II Guerra Mundial y su hija Marie-Jo se suicidó a los 25 años.
Acontecimientos que le marcaron en su
última etapa de su vida.
Simenon fotografiado delante del Quai des
Orfèvres en París.
Lo
curioso del caso es que tanto Conan Doyle como Georges Simenon mataron en sus obras a
sus respectivos héroes, el detective Holmes,
y el comisario Jules Maigret, quizás, ésta fue la causa del porque dejé de leer a Georges Simenon y
olvidarlo hasta el aquel día gris en Lieja. Sentado en un banco de su memorial,
reflexioné sobre la historia de su
vida, y en aquel momento, como si la
madre naturaleza quisiera darme la razón, cayó un manto de fina lluvia, que acentuó el gris del pavimento y de los
bancos, como así fue el color de la vida personal de mi olvidado autor de novela
negra de mi juventud.
Notas:
Lo que les diría al CNI destacado en Marruecos, es que con
voluntad todo se aprende. Pero lo mas importante es que apliquen el sentido
común en sus acciones. Yo me he ganado la vida aplicando el sentido común en
las empresas que he asesorado a través de mis intervenciones formativas.
1ª El mecánico (con carencia de sentido común) y el cirujano
Un mecánico estaba desmontando el motor de
un Jaguar V12. Quitó las válvulas, ajustó piezas, revisó el árbol de levas…Cuando
de pronto, vio entrar a un cirujano del corazón. Un cliente elegante, famoso y
reconocido. El mecánico lo miró y no aguantó la curiosidad:—Doctor, ¿puedo
hacerle una pregunta? El cirujano se acercó. Y el mecánico, mientras se
limpiaba las manos en una toalla, disparó sin filtro:—Mire, Doctor yo abro este
motor, le saco las válvulas, las ajusto, las vuelvo a poner, cierro todo…¡Y el
motor arranca como nuevo! Entonces explíqueme …¿Por qué usted gana tanto más
que yo, si hacemos lo mismo? El cirujano lo miró, se le acercó y con una
sonrisa tranquila, le susurró al oído: Hazlo con el motor encendido. Fin del
misterio.”
3ª Los que leéis mi blog sabéis
que mis escritos están llenos de mis apuntes biográficos, por lo que debo evocar la pérdida de un amigo
más de la infancia, Joaquín C.A. (1943-2026) y, para que conste añado al post de hoy los preciosos versos de su
recordatorio del arquitecto y poeta Joan Margarit.
Quand mor algú sempre es massa aviat,
encara que hagi arribat el moment,
i és que morir sempre és massa d’hora,
quand encara sentim que tot es pressent.
En aquesta penumbra de comiat,
per sempre més estaré al teu costat,
I no voldria cap més llum que aquesta,
aquest dolç resplendor que me h’has
deixat.














