Dedicado a mis compañeros de tenis: Albert S. y Jordi L.
“En dos palabras puedo
resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: Sigue adelante”.
Robert Frost
Cada inicio de noviembre me acuerdo de la poesía la
razón la explico en la tercera nota de este post.
El poeta o
la poetisa
Un poeta o una poetisa es una persona que escribe en
verso o en prosa poética para mostrar sus sentimientos, sus ideas y su visión
del mundo. La palabra “poeta” viene del griego y significa “creador”, lo que
define al poeta no solo como alguien que rima, sino como un creador de
realidades a través de las palabras.
Un buen poeta para mi, tiene un mérito descomunal, ya
que a través de sus metáforas te manda un mensaje que por la sabiduría del
autor y por la ignorancia del lector, muchos de ellos se pierden porque no los
captamos.
Freud y los
poetas
Recuerdo las alabanzas de Sigmund Freud que opinaba de
ellos: “siempre que he tenido una idea,
un poeta se me ha adelantado” o
“cualquier lugar al que voy, un poeta ha estado allí antes que yo”. Estas
frases del padre del psicoanálisis reflejan la profunda admiración que sentía
por los poetas.
Reconocía que la intuición y la sensibilidad de los
poetas les permitían descubrir y describir los misterios del inconsciente
humano mucho antes de que la ciencia o el psicoanálisis intentaran explicarlos
de forma sistemática.
Tanto le cautivó la
creatividad de los poetas y escritores, que 1908 elaboró un ensayo: “El creador
literario y el fantaseo” donde planteó la pregunta: ¿De dónde extrae el escritor su material y cómo logra
conmovernos tan profundamente con él? En el ensayo en cuestión da
respuesta a estas preguntas desde su punto de vista profesional.
Resuelve el misterio del artista, diciendo: cuando un
adulto común nos cuenta sus fantasías eróticas o egocéntricas, nos produce
rechazo o frialdad. Sin embargo, el creador literario logra que sintamos un
profundo placer a través de sus ficciones. ¿Cómo lo hace?. Freud argumenta que el escritor utiliza una técnica
artística basada en dos mecanismos, que los denomina el "secreto del
poeta”:
1º Atenuación del carácter
egocéntrico: que significa
que el poeta disminuye su tendencia a
centrarse solo en sí mismo, en sus propias necesidades, opiniones y deseos,
comenzando a mostrar una mayor empatía, comprensión y consideración hacia los
demás.
2º El soborno del placer o
"placer previo": que significa un pequeño goce para el
lector de tipo formal o estético que la mente ofrece como un dulce engaño para
adormecer la crítica de la censura interna, permitiendo liberar una tensión o
energía reprimida mayor.
La poesía y
el tenis
Todos sabéis que he sido un
practicante feliz del tenis, hasta que hace unos años lo dejé por causa de una rotura
parcial del tendón lateral del tobillo izquierdo. Ahora practico otro deporte
de poco riesgo: el ajedrez. Por ello he escogido el poeta estadounidense Robert
Frost (1874-1963) considerado uno de los fundadores de la poesía
moderna en su país por expresar con sencillez filosófica y profundidad
sentimental la vida y emociones del ser humano rural, para que me acompañe en este
post, porque empleó una preciosa
metáfora sobre la poesía y el tenis. Su mención
más célebre ocurrió durante una conferencia en la década de 1930, donde declaró:
"Escribir en verso libre es como jugar al tenis con la red abajo".
El poeta estadounidense no
habla de tenis por afición deportiva, sino que utiliza el deporte como
una famosa analogía estética sobre las reglas de la literatura. Frost era un
poeta clásico y tradicionalista. Consideraba que la métrica, la rima y las reglas
fijas de la poesía clásica como la red en una cancha de tenis.
En los años 1924, 1931,1937 y 1943 ganó el premio Pulitzer. En su poesía hay un tema recurrente: la naturaleza y su relación con las
emociones humanas. En 1960 obtuvo por el conjunto de su obra la Medalla de Oro del Congreso.
Solo destacaré dos poemas:
Abedules y El camino no elegido
Abedules
(Primera y última estrofa)
Cuando veo
abedules oscilar a derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero
Quisiera encaramarme a un abedul,
trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de árboles.
Describe el anhelo de
escapar temporalmente de las cargas de la vida adulta hacia la inocencia de la
infancia, simbolizada por el acto de columpiarse en los árboles, pero con la
firme convicción de que el verdadero valor reside en regresar a la tierra. El
poema utiliza la imagen de los abedules que se doblan por el hielo sin
quebrarse como una metáfora de la resiliencia humana frente a la adversidad. Al
final, el poeta prefiere esta pausa terrenal y segura frente a las dificultades
de la vida antes que una huida definitiva.
El camino no elegido
Dos caminos se bifurcaron en un bosque amarillo,
y lamenté no poder recorrerlos juntos
y como viajaba solo, largo tiempo estuve
y miré uno tan lejos como pude
hasta donde se doblaba en los rastrojos;
Luego tomé el otro, igualmente hermoso,
y quizá con mejor razón,
porque estaba cubierto de hierba y menos pisado;
aunque en realidad, el paso de los transeúntes
los había marcado casi por igual,
Y ambos esa mañana yacían del mismo modo
en hojas que ningún paso había enlodado.
¡El primero, lo dejé para otro día!
Sin embargo, sabiendo cómo un camino lleva a
otro,
dudé si alguna vez volver yo debería.
Lo contaré un día con un suspiro
quién sabe dónde, en tiempos venideros:
Dos caminos se bifurcaron en un bosque, y yo
yo tomé el menos transitado,
y mi elección marcó toda la diferencia.
El poema se basa en la imagen
clásica de la vida como un paseo por el bosque. Dos caminos que se
bifurcan, representan las decisiones que
en algún momento la vida impone a cada uno de nosotros. Frost no nos cuenta que
el camino elegido sea el mejor, simplemente sugiere que cada elección en cada
bifurcación de la existencia marca la diferencia. Sin embargo, permanece en el pensamiento
si el segundo camino podría ser mejor. No es casualidad que el énfasis (como muestra
el título) se coloque en “el camino no tomado”, no en el camino que realmente
tomamos.
No es de extrañar que el poeta
concluya: “Lo contaré un día con un suspiro / quién sabe dónde, en tiempos venideros”.
Colofón final
Los poemas de los
buenos poetas comienzan en deleite y
terminan con sabiduría.
1ª Este
verano en mi apartamento de Begur, jugué al tenis sin red:
Del amanecer al anochecer
Sale
el sol de madrugada
reflejándose
en la vidriera de mi balcón.
Rojo
como la fresa madura
luego
cambia en amarillo limón.
Así
desde la cama lo veo
como
Dalí en su espejo,
me
vuelvo a dormir un rato
porque
soñar es barato.
Si
la salida del sol es bella
su
poniente es esplendor.
Sale
de noche la luna llena
se la ve blanca de color.
Las
estrellas en el firmamento,
la
polar al norte señala.
Todo
ello sin movimiento,
se
mueve el avión que pasa.
2ª
Ahora pongo la red y compruebo su altura 91,4 cm:
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)
3ª Recuerdo
que mi abuelo paterno Vicente (1872-1964) nacido Bélgida (Valencia) en las
celebraciones de la Navidad recitaba
poesías con el argot valenciano y, celebraba con sus nietos (mi hermano José
María y conmigo) el día de los difuntos,
llevándonos cada año a ver la obra de Zorrilla: Don Juan Tenorio, que
confirmaba su afición por la poesía cosa que me transmitió.
«¡Clemente
Dios, gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer
que a manos de mis víctimas caí.
Mas es justo: quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de Don Juan Tenorio.»




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