lunes, 22 de abril de 2024

LAS BIBLIOTECAS Y SUS LIBROS


Quisiera consignar un milagro trivial, del que uno no se da cuenta hasta después que ha pasado: el descubrimiento de la lectura. El día en que los veintiséis signos del alfabeto dejan de ser trazos incomprensibles en fila sobre un fondo blanco, arbitrariamente agrupados, y se convierten en una puerta de entrada que da a otros siglos, a otros países, a multitud de seres más numerosos de los que veremos en toda nuestra vida, a veces a una idea que cambiará las nuestras, a una noción que nos hará un poco mejores o, al menos, un poco menos ignorantes que ayer.”

MARGUERITE DE YOURCENAR, ¿Qué? La eternidad (1988)

 

Mañana celebraremos el Día Internacional del libro y el patrón de Catalunya  Sant Jordi, y por ello nuestras  calles como en cada año,  se llenarán de  una extensa  exhibición de libros y de rosas. Este acontecimiento me ha hecho reflexionar y recordar,  de acuerdo con el título de este blog,  sobre las bibliotecas y sus libros.

 

LA BIBLIOTECA HERNANDO COLÓN

Hernando Colón era el hijo pequeño del almirante Cristóbal Colón,  y le acompañó en el cuarto viaje al Nuevo Mundo cuando tenía dieciséis años.

Estamos en el año 1513 y  hacía   73 año que se había inventado la imprenta. Las bibliotecas estaban  en las manos de la aristocracia, y Hernando sabía  la importancia  de los libros para la formación del pueblo, y se imaginó el sueño de hacer una biblioteca pública y universal en Sevilla para paliar la ignorancia. Hernando era un reconocido filólogo, experto jurista, geógrafo, historiador y biógrafo de las hazañas de su padre. Su vasta educación se produjo porque  fue paje del príncipe Juan de Aragón.

Uno de sus encargos de libros fue para el   marchante Octavio Grimaldi en el año 1532, y hubo un naufragio que se perdieron del cargamento 1.637 libros valorados en 2.000 ducados, que era una fortuna en aquella época. Aún así siguió su sueño,  costumbre adquirida de su padre,  y pudo equipar a su soñada  biblioteca hasta su fallecimiento con la cantidad de15.300 ejemplares, entre ellos libros incunables, es decir, editados antes del año 1500.


 

Esta imagen corresponde a un  incunable del año  1493,   que mostró al viejo mundo  la primera ilustración de los indios americanos, también están  presentes el rey Fernando sentado en su trono y Cristóbal Colón  en una de sus  carabelas.

Hernando Colón falleció en el año 1539 y dejó todos sus bienes a  su biblioteca hecho insólito en aquellos tiempos.

 

MIS BIBLIOTECAS

 La biblioteca de mi abuelo

 Os voy a relatar las dos bibliotecas que me marcaron en mi juventud, la primera, es la que ya  os la he mencionada repetidamente en este medio,  fue la de mi abuelo y padrino Francisco que vivía en el mismo rellano de nuestra escalera.

 A parte de obras sueltas, su librería tenía una característica especial, y era que  para algunos autores tenía la colección completa  de todas sus obres. Por ejemplo puedo citar a los  dos autores prohibidos por la Iglesia Católica: Alejandro Dumas, con sus  novelas  sobre  el “El conde de Montecristo” y las otras sobre las  aventuras del “Los tres mosqueteros”, así como también, Victor Hugo con sus novelas “Los miserables” , “Nuestra Señora de París”, etc..

Recuerdo que mi abuela Isabel me advirtió porque era muy religiosa, que no todos los libros se podían leer, yo en aquel entonces, creí que se refería  a una colección muy gráfica y terrorífica sobre la primera guerra mundial, con fotos que fueron muy fuertes su contemplación por mi edad. Mi abuelo no me puedo aconsejar ya que falleció cuando yo tenía siete años.

 También recuerdo una colección  que devoré todos sus libros,  fueron la del escritor alemán Karl May,   cuyas novelas estaban ambientadas en el viejo oeste americano con sus protagonistas Old Shatterhand y Winnetou. Otra colección similar era la   del escritor   estadounidense Fenimore Cooper que  relataba la vida de los pioneros americanos con los pieles rojas, y destaco entre sus novelas “El último mohicano”. Recuerdo también, las extraordinarias novelas históricas del británico  Sir Walter Scott  con su inolvidable  Ivanhoe. Recuerdo con cariño las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain.  Además, todas las novelas emblemáticas que he nombrado las he visto en mi larga vida adaptadas al cine.

 No podía faltar  la colección de las obras de nuestro ilustre Miguel de Cervantes con su Don Quijote,  que tantas veces he recurrido a sus citas en este blog, y como curiosidad,  tengo que mencionar que en la librería que estoy describiendo encontré también el Quijote apócrifo  de Avellaneda.

 No obstante os debo decir, que de todas las colecciones la que más me impactó  en mi juventud fue la colección de Julio Verne,   con las aventuras del Nautilos que adelantó en su momento el descubrimiento del submarino,  me entusiasmaron  sus cálculos para llegar a la Luna,  y anticipó la proeza del Apolo XI. Pero lo más sobresaliente fueron dos cosas: la primera,  que sus novelas me inculcaron la importancia del verbo innovar, que tantas veces lo he aplicado con éxito en mi vida profesional, y la segunda, que para cualquier invento, primero debe ser soñado.


 La Biblioteca Central

 Como se puede observar en la imagen de mi viejo carnet, a la edad de 18 años me hice lector de la Biblioteca Central de Barcelona, ubicada en el antiguo Hospital de la Santa Creu desde el año 1931 con el nombre de de Biblioteca de Catalunya,   y que al terminar nuestra guerra civil el gobierno franquista le cambió el nombre por el que figura en el carnet,  recuperando el nombre primitivo en el año 1974.

 

 

Hay una novela  que la he leído de mayor, de  Carmen Laforet, que en año 1944  ganó la primera edición del Premio Nadal con su primera novela Nada  que refleja el ambiente triste, opresivo de la posguerra.  El premio fue controvertido en la época, tanto porque se le entregó a una mujer, como por la temática de la obra.

Se ha aprobado iniciar la construcción de la superbiblioteca de Barcelona,  que estará situada cercana la Estación de Francia,   y que contendrá 600.000 volúmenes y estará en funcionamiento en el 2028.

Llevo 9 años escribiendo este blog además de colgar en el mismo mis dos novelas empresariales y he llegado a la conclusión que para escribir se debe leer muchísimo.

En 2005 se ponen en marcha los portales ARCA (Archivo de Revistas Catalanas Antiguas),

Notas:

 

  Recuerdo que cuando nosotros éramos pequeños,  llevábamos periódicos y revistas al trapero,  que los compraba parar revenderlos como materia prima  a las fábricas de papel.  No era usual vender papel a los comercios,  como es el caso que describe el propio Cervantes en el tomo I y concretamente en el capítulo IX  de Don Quijote que relata que un muchacho en una calle de Toledo vende papel a los comercios, y que precisamente se trata del manuscrito de las “Aventuras de Don Quijote” que es salvado por el propio narrador de la  historia.

 

 

  Lo que si ha acontecido  en la historia de la humanidad  es la quema de libros, y que el escritor  estadounidense  Ray Bradbury describe en su obra  Fahrenheit 451 que los bomberos queman libros por orden de un gobierno totalitario. Fahrenheit 451 es la temperatura que arden los libros que  equivale a los nuestros 232 grados centígrados, y que  Julio Verne  hubiera razonado sus cálculos de la siguiente manera:

 

“Como que el  cero grados de la congelación y los 100 grados de la ebullición del agua en la escala centígrada, equivalen a menos 32 grados y 212 en la escala  Fahrenheit, por lo tanto, en  la realidad en la escala  Fahrenheit hasta el 100 hay 180 divisiones de grados positivos, es decir.

 

1 grado centígrado es igual a un grado Fahrenheit  (F) x 1,8, por lo tanto,

 

Grados centígrados =  F – 32 / 1,80 = 451 -32 / 1,80 = 232 grados centígrados”

 

Precisamente en  una película que vi el otro día en Movistar plus, “El maestro que prometió el mar”, donde el ejército “nacional” llega a un  pueblo de Burgos, y queman en la plaza del pueblo unos cuadernos procedentes del la imprenta de la escuela.

 

 

3ª Hoy día hay varias cadenas de venta de libros de segunda mano que se pueden encontrar joyas del pasado. En mi paseo hay dos, que las visito frecuentemente  y que obtengo libros que me ilusionan por poco dinero. Una de mis últimas adquisiciones fue un tomo de buena apariencia,  y con una encuadernación de cartón estupenda,  editado por  RBA en el año 1994,  que incluye  dos novelas de misterio de Georges Simenon con su comisario Maigret, y que lo adquirí , porque sus “casos policiacos” los leía en mi juventud. Hay una entrada  en este blog del 18-05-2015,  que describo  el homenaje que  le rendí a Simenon,  en  su memorial situado en su ciudad natal de Lieja (Bélgica)

 

 

Hace ya unos meses, mi hijo me regaló  tres tomos de “El Vizconde de Bragelonne” de Alejandro Dumas, editado en 1969, que es la continuación de “Los tres mosqueteros”, encuadernados con tapas de cartón con grabados dorados  y equipados con una cinta para señalar la página de la última lectura. Seguramente los leí cuando era muy joven procedentes de la biblioteca de  mi abuelo, pero que en este momento no recuerdo su trama,  por lo que  me aportarán  una  buena distracción para este verano.

 

 

4ª La UNESCO designó, mañana, el  Día del Libro,  en conmemoración del fallecimiento de Miguel de  Cervantes  que ocurrió el 23 de abril de 1916. En su actual sepulcro  en el Convento de las Trinitarias en Madrid, existe una lápida con el siguiente  epitafio.


¡Ojo! Donde dice Segismunda, debe decir, Sigismunda. Este error de escritura fragante me consuela, y pido pergón a vosotros mis lectores, por mis pasados y futuros fallos de escritura que cometo a veces. Muchas gracias por leerme.

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